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XXV Aniversario del Estatuto de Autonomía

Discurso del Presidente de las Cortes de Castilla y León en el XXV Aniversario de la promulgación del Estatuto de Autonomía.<br>Sede de las Cortes de Castilla y León, Valladolid. 25 de febrero de 2008

Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Castilla y León, Excmas e Ilmas autoridades civiles y militares, un saludo muy especial para los ex-Presidentes de la Junta y de las Cortes de Castilla y León. Quiero saludar a los representantes de las Instituciones, agentes sociales y medios de comunicación, señoras y señores, bienvenidos.

Nuestra autonomía cumple hoy un cuarto de siglo. Cuando se cumplen veinticinco años desde la promulgación de nuestro Estatuto de Autonomía, esta tierra, Castilla y León, que ha sabido aprovechar bien sus posibilidades de crecimiento, toma plena conciencia de las oportunidades e incertidumbres que nos depara un tiempo nuevo.

Celebramos dentro y fuera de esta nueva sede de las Cortes, hoy más que nunca la casa abierta que concilia democracia y realidad social, que junto a la Constitución, la aprobación del Estatuto de Autonomía de 1983, es el acontecimiento político más trascendente de los últimos doscientos años de nuestra historia, que ha logrado en Castilla y León, la unidad política sin uniformismo, la diversidad sin imposiciones, y la solidaridad sin privilegios. Un Estatuto que hoy, aceptado y vivido por toda la sociedad, ha permitido avanzar en una de las experiencias descentralizadoras más significativas de nuestra historia, demostrando ser el mejor instrumento de crecimiento, de progreso y de cohesión.

De su mano, y durante todos estos años, hemos realizado un aprendizaje activo de la democracia en Castilla y León, y juntos, hemos comprendido el valor fundamental del acuerdo, de la negociación y del pacto.

Este aprendizaje, profundamente democrático, inspira el sentido último de esta Institución parlamentaria, y ha hecho posible que Castilla y León no haya dicho adiós al consenso respecto de aquellas cuestiones que nos afectan a todos, y constituyendo hoy, uno de sus más valiosos patrimonios políticos.

A lo largo de estos años, los castellanos y leoneses hemos practicado la democracia de forma irreprochable, posibilitando la participación de cada uno de nosotros en el destino de todos; hasta conseguir un periodo único en nuestra historia contemporánea de avance, concordia y estabilidad; es pues nuestro Estatuto, la obra colectiva, el arranque firme de nuestra historia reciente, sobre el que levantar coincidencias y discrepancias.

Castilla y León con sus luces y sus sombras apenas recuerda las zozobras con las que naciera como Comunidad Autónoma hace veinticinco años. En estos años hemos cambiado, y ha cambiado mucho nuestra sociedad. De una concepción localista del mundo a la integración en la Europa del euro; de un nivel de renta inferior a la media nacional a converger con muchos territorios de nuestro entorno caracterizados por su prosperidad y desarrollo, de perder población a convertirnos en tierra de acogida de personas que quieren vivir y trabajar legalmente en Castilla y León; de asumir decisiones que afectaban a nuestros intereses a tomarlas nosotros mismos;

en definitiva, de mirar con recelo e incertidumbre al porvenir, a confiar plenamente en nuestras propias posibilidades para aprovechar las oportunidades que se nos presentan.

La exposición que desde hoy les invitamos a visitar en la planta baja de estas Cortes, pone de manifiesto los hitos que sustentaron esta transformación y recoge el mejor testimonio gráfico de la evolución y avance de esta tierra.

Cuando se cumple un cuarto de siglo desde su promulgación, los ciudadanos perciben el modelo de convivencia instaurado por el Estatuto de Autonomía, síntesis de historia y modernidad, no sólo como el mantenedor de una identidad histórica, sino como un poder cercano, capaz de proporcionar con eficacia los servicios que precisan las personas, que ha hecho posible en gran medida la prosperidad que ha tenido nuestra tierra en todos estos años y se conforma como la más evidente garantía para su futuro.

Un tiempo éste en el que deberemos construir la mejor Castilla y León posible. Con más oportunidades, mejor bienestar social y mayor calidad de vida para todos. Capaz de ofrecer a los más jóvenes la posibilidad de desarrollar todos sus proyectos de vida en nuestra tierra. Que apueste por su mundo rural. Una Comunidad con una economía aún más dinámica y competitiva. Y también rica en valores, tolerante y alegre, construida desde la prudencia y la sensatez, pero que no renuncie nunca a la utopía, que destierre cualquier complejo y que participe en ese proyecto común que se llama España desde la solidaridad con todos los territorios que la componen.

Un principio, el de solidaridad que constituye, a mi juicio, el complemento constitucional más esencial de la autonomía, ya que las Autonomías se instauraron para procurar el autogobierno, la eficacia de la actuación de los poderes públicos, es verdad, pero también para garantizar la solidaridad que asegura que las diferencias que en el ejercicio de la autonomía se generan entre las Comunidades, no se traducirán nunca en desigualdad ni privilegios.

La solidaridad debe traducirse en medidas que eviten tanto el mantenimiento de los desequilibrios existentes, como el surgimiento de otros nuevos. Medidas que habrán de tener su acomodo pleno, en un modelo de financiación que si avanza en la corresponsabilidad, garantice eficazmente los mecanismos redistributivos destinados a la solidaridad.

Afrontamos nuestro porvenir con un nuevo Estatuto de Autonomía, fruto de una reforma plenamente constitucional, profunda, rica en contenidos, de gran calidad jurídica, y sobre todo construida desde el acuerdo de las principales fuerzas políticas y sociales de la Comunidad.

Un texto que constituye un punto de encuentro de la gran mayoría de ciudadanos y que se conforma como el instrumento político básico, para que la sociedad castellano y leonesa pueda ser cada vez más próspera, más justa y más solidaria.

Un nuevo Estatuto que es, sobre todo, un auténtico proyecto de Comunidad, donde se establecen una serie de principios y valores que definen a Castilla y León y que señalan algunos de sus caminos en los próximos años.

Celebramos por vez primera esta conmemoración en esta nueva sede parlamentaria. Un proyecto vanguardista que simboliza el empuje y la confianza de una sociedad, la nuestra que creé en sus propias posibilidades y en su futuro.

Una sede que en lo arquitectónico reúne aquellas características que, permiten contemplarla como un hecho de arte, capaz de producir emociones, para yendo más allá de la simple armonización de líneas, convertirse en una casa abierta, en punto de encuentro de las diversas opciones políticas, en la que la libertad y el debate, constituyen elementos esenciales para dar respuesta eficaz a los problemas reales de las personas.

Quiero terminar estas palabras de bienvenida rindiendo un sincero homenaje a todos aquellos que, desde un profundo amor a esta tierra, recorrieron un difícil camino, no exento aún hoy de dificultades, y lograron sentar las bases para construir una realidad política sólida, duradera y con un enorme futuro, que hoy se llama Castilla y León.

Señorías, Señores, Señoras, acabo. Conmemorar el XXV aniversario de nuestro Estatuto ha de ser ocasión propicia para reclamar la responsabilidad que nos incumbe de preservar su espíritu integrador que permita seguir percibiendo nuestra Autonomía, más allá de las diferencias, como un poderoso instrumento de transformación política, económica y social, fundamental para fortalecer nuestra identidad como pueblo, para crecer en los usos civiles y democráticos y para conseguir una notable mejora social y material, al tiempo que alcanzar una mayor calidad de vida.

En el futuro yo creo que Castilla y León podrá superar cuantas dificultades se le planteen y realizar así su decisiva aportación a la concordia de la España Autonómica.

Un futuro en el que todos sin excepción estamos llamados a participar para mantener y reforzar este camino de autonomía y prosperidad que emprendimos hace hoy 25 años.

Dijo el inmortal Cervantes, que no hay camino que no se acabe si no se le opone la pereza; pues bien, no tengamos pereza y recorramos juntos el camino que hoy sigue abierto ante todos nosotros.


Feliz día del Estatuto.


Muchas gracias.

 

 
 
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