Excmo. Sr. Presidente de la Junta de Castilla y León, Sres. Expresidentes, Consejeros, compañeros de la Mesa, Procuradores, bienvenidos a estas Cortes cuya nueva sede cumple estos días un año desde que fuera inaugurada por SS.MM. los Reyes de España.
En esta sede parlamentaria, en la que reside la expresión mas cierta de la democracia dentro de Castilla y León, nuestro interés se centra hoy, y de manera exclusiva, en propiciar nuestro encuentro y rendir homenaje a todos aquellos que desde un profundo amor a esta tierra, y elegidos Procuradores con la confianza de los ciudadanos, recorrieron el difícil camino aún hoy lleno de dificultades y lograron sentar las bases ciertas para construir una realidad sólida, duradera y con futuro que hoy se llama y es Castilla y León. Homenaje, en fin, a la política constructiva, aquella que sustentada en valores democráticos, hace avanzar a una sociedad propiciando la etapa más profundamente democrática, de mayor desarrollo económico y más estable de toda nuestra historia.
Hemos sido afortunados, nos ha correspondido el privilegio de representar a los ciudadanos de esta tierra, y cada uno de nosotros desde un temple vital bien distinto, hemos coincidido, a pesar de nuestras diferencias, en dar un valor fundamental al compromiso urgente con el progreso y desarrollo de Castilla y León, identificándonos con las inquietudes y logros de la sociedad castellano y leonesa, y asumiendo, cada uno en nuestro papel, su construcción como Comunidad Autónoma.
Una Comunidad sustentada en una igualdad sin uniformismo, una solidaridad sin privilegios, y una diversidad sin imposiciones, que constituye un “sugestivo proyecto de vida en común” que se conforma no sólo como el mantenedor de una identidad histórica, sino como un modelo cercano, basado en la libertad y en la tolerancia que es capaz de proporcionar con eficacia los servicios que demandan las personas.
Con una conciencia tranquila, como única recompensa segura, todos nosotros asumimos como propios estos valores haciendo de ellos la verdadera piedra angular de nuestro modelo de convivencia, contribuyendo así decisivamente a la cohesión y progreso de esta tierra.
Hace veinticinco años, se constituían en la Iglesia del Monasterio de las Claras en Tordesillas, las primeras Cortes de Castilla y León, nacidas de la democracia, y de nuestro entonces recién promulgado Estatuto de Autonomía.
El Estado de las Autonomías suponía una innovación radical en España y así arrancaba un veintiuno de mayo nuestra primera legislatura; desde entonces y de su mano hemos realizado un aprendizaje activo de la democracia y juntos hemos aprendido el valor fundamental del acuerdo, de la negociación y del pacto.
Este aprendizaje, profundamente democrático, llevado a cabo por todos nosotros, inspira hoy, cuando se cumple su primer cuarto de siglo, el sentido último de esta institución parlamentaria
Ahora, en esta nueva sede, edificio vanguardista, moderno y vital, que simboliza el empuje de una sociedad que cree en si misma, seguimos trabajando, para que ésta sea una casa abierta a la participación de todos, para que sea el punto de encuentro de las diversas opciones políticas, en la que la libertad y el debate constituyen elementos esenciales para dar respuesta a los problemas de las personas, en definitiva, para conciliar democracia y realidad social.
Una intensa admiración a vuestras personas y a lo que representáis, es bien merecida, pero sería estéril si en esa admiración no supiéramos conquistar cada día lo que de vosotros heredamos, e ir más lejos, hacer, en definitiva, algo más.
Lo hicisteis bien; con dificultades, sí, pero con singulares excelencias, que han hecho posible que lo que empezó siendo una aventura, no exenta de improvisaciones, se encuentre hoy arraigada en el sentir de la sociedad, hasta el punto de que cualquier retroceso en el ámbito de la autonomía sea considerado en la actualidad un recorte intolerable en el sistema de libertades. Muchos de vosotros fuisteis los primeros arquitectos de un mañana que enseguida se reveló tan fascinante como posible.
Vuestro esfuerzo procuró la etapa más profundamente transformadora de nuestra historia reciente, y nos hizo ver desde la experiencia que debemos guardar fidelidad al futuro y no anquilosarnos en el pasado.
De una concepción localista del mundo a la integración en la Unión Europea del euro; de un nivel de renta inferior a la media nacional a igualarnos con muchos territorios caracterizados por su prosperidad y desarrollo, de una dinámica poblacional negativa a ser tierra de acogida de personas que quieren vivir y trabajar en Castilla y León; de asumir decisiones que afectaban a nuestros intereses a tomarlas nosotros mismos; en definitiva, de mirar con recelo e incertidumbre al futuro, a confiar plenamente en nuestras propias posibilidades para aprovechar las oportunidades que se nos presentan.
Celebramos este acto entrañable de homenaje, cuando se cumple un año ya desde la reforma consensuada de nuestro Estatuto de Autonomía, y Castilla y León, toma plena conciencia de las posibilidades e incertidumbres que le depara un tiempo nuevo dentro de un siglo nuevo.
Existen en la actualidad compromisos ineludibles derivados de estos tiempos de manifiesta inquietud económica y social; frente a ellos, hoy los castellanos y leoneses, más allá de discrepancias perciben la autonomía como una auténtica oportunidad de progreso y avance.
Sabemos que España, la de ayer, pero la de hoy también, no trata bien a sus mejores hombres y mujeres. Nuestra trayectoria presenta muchos ejemplos, sin duda demasiados, de olvidos injustificados, de ingratitudes flagrantes. No queremos que eso siga siendo así. Vuestro fue el trabajo y el acierto. A nosotros nos corresponde levantar inventario de ello y dejar testimonio de nuestro reconocimiento. Tal vez haya pasado el momento del fulgor mediático, pero ahora se enciende unas luces más intensas: las del agradecimiento.
El paso del tiempo y la consolidación de nuestra Comunidad Autónoma han venido a poner de manifiesto vuestra impagable contribución para situar a Castilla y León en el lugar que le corresponde y el acierto de aquella labor cuajada de sinsabores, dificultades y problemas. Sabedlo, no ha sido en vano. Por eso, entre nosotros no habrá lugar para las sombras del olvido. Como señaló Ramón Llull “el cariño y la gratitud nacen del recuerdo y viven de la inteligencia.”
Nuestra deuda de gratitud es enorme y yo pongo especial orgullo en proclamarlo en este acto, y para ello el nombre de todos nosotros, y el de aquellos que ya no están, quedará escrito y permanecerá, ya para siempre, en el que desde hoy se llamará el pasillo de Procuradores de estas Cortes de Castilla y León.
Os hacemos entrega, con el fin de que perdure en vuestra memoria el homenaje que os rendimos en este día, de una insignia reproducción de la máxima distinción de este Parlamento, la Medalla de las Cortes de Castilla y León. Un símbolo que siguiendo la antigua representación de las armas propias de los reinos de León y de Castilla, incluye, en un escudo de forma apuntada, un cuartelado perfecto con los emblemas tradicionales de leones y castillos, a través de un tallado típicamente medieval.
Vuestro ejemplo nos sirve de inspiración para construir la mejor Castilla y León posible. Con más oportunidades y mayor calidad de vida para todos. Capaz de ofrecer a los más jóvenes la posibilidad de desarrollar todos sus proyectos de vida en nuestra tierra.
Sois vosotros con vuestra trayectoria ejemplar quienes habéis hecho de Castilla y León una sociedad democrática abierta, responsable y madura.
Por todo ello quedaos, vosotros y hacedlo extensivos a vuestros seres más queridos, con nuestro homenaje de admiración, afecto y profundo respeto.
Gracias. Por todo, muchas gracias.